Hola a todos mis amigos de la galaxia.
Acá les mencionaré los comprobados beneficios que se obtienen al practicar constantemente el Ajedrez.
Espero que comiencen a practicar el ajedrez por estos buenos motivos y no pasen por la odisea que yo pasé antes de convertirme en ajedrecista, ese juego maravilloso que entretiene, propicia un pensamiento ordenado, te ayuda a planificarte y da magnificas satisfacciones.
Me da un poco de pena recordar mis inicios ya que no fue nada heroico mi paso por otros deportes.
Mi comienzo en otros deportes:
Todo comenzó en mis años de adolescente, esa etapa tan terrible de la vida en la que abundan los compañeros burlones que magnifican con sus ocurrencias todos tus errores en el liceo.
Recuerdo que comencé con el futbol. El mundial de España de 1982 nos enfriebró a todos y comencé siendo portero del equipo de mi liceo, pero en el primer partido en me metieron seis goles en apenas medio tiempo así que el director decidió ponerme de defensa en el segundo partido, pero resulté ser peor defensa que portero. Para no sacarme del equipo ya que no éramos muchos para el tercer partido terminaron poniéndome en el codiciado puesto de delantero, sin embargo, el único gol que metí fue un autogol.
Como comprenderán el cuarto y último partido preferí no jugarlo, antes de que me sacaran del equipo opté por una retirada honrosa y me metí en equipo de básquet. Me sorprende como aceptaban a cada loco en esos equipos porque yo apenas si sabía rebotar una pelota de playa. Debido a mi corto tamaño me pusieron de piloto, pero dos codazos consecutivos me pusieron los labios tan hinchados que preferí mudar de disciplina para incursionar en el Atletismo.
¡Este si era mi deporte! Yo era veloz, saltaba como una liebre, era ágil y tenia talento, pero mi entrenador no. Con lo delgado que yo era fue increíble que me pusiera en la competencia del impulso de bala. Aparte de hacer el ridículo y llegar detrás de la ambulancia en la tabla de clasificación no pude hacer nada por mi liceo. Y de verdad ese entrenador era fenomenalmente malo en asignar disciplinas a los deportistas porque a un gordo lo puso en el salto largo.
Sin desanimarme me inscribí para otra competencia representando a mi amado colegio pero el mismo entrenador me puso en la disciplina del maratón. Como era lógico no terminé la carrera, pero si acabé tendido en el pavimento, muerto de cansancio y a punto de insolación.
Ya mi fama de mal deportista estaba tomando auge en el liceo y creí haber acertado cuando me inscribí en béisbol. Mi equipo comenzó muy bien en el único inning que me permitieron jugar, embasaron a tres corredores en el primer inning y me pusieron a mi de cuarto bate, yo no se a quien se le ocurrió esa idea. Batié para triple play.
Cuando a la defensiva me tocó cubrir el campo izquierdo quise enmendarme haciendo magnificas atrapadas. Se me presentó mi oportunidad cuando el primer bateador le pegó exactamente por mi lado, corrí a toda marcha a capturar esa difícil bola, estaba de verdad muy dificultoso, pero corrí y corrí, estiré mi brazo con todo el esfuerzo de mi alma y que maravilla cuando sentí la pelota en mi guante, es que parecía haber un magnetismo entre el guante y la pelota, ¡que victoria!, ¡que éxito!, lo logré me decía yo.
Mi alegría era mayor a la de cualquier héroe que hubiera pasado antes por la historia. Mi hazaña los eclipsaba a todos. Ni Agamenón en su victoria ante la imbatible Troya después de diez años de combates, ni la heroica lucha de la Termopilas, ni Einstein cuando descubrió la Relatividad, ni García Márquez cuando ganó su premio Nobel. Nadie, nadie, nadie me superaba.
Si hubiese existido un premio nobel al deporte me lo habrían dado después de aquella espectacular atrapada, de aquí lo que quedaba eran las grandes ligas y estoy seguro que me hubieran sacado en hombros del estadio si tan solo no hubiese olvidado cerrar el guante.
Mi extraordinario momento de gloria había sido muy mezquino conmigo. Al no cerrar el guante, la pelota rebotó en el mismo y fue a dar yo creo que hasta el estacionamiento porque me llevó una eternidad alcanzarla. Cuando por fin lo logré, tiré la bola a segunda base para ver si evitaba que fuera un doble pero ya el bateador estaba sentado con sus compañeros. Había sido un jonrón dentro del campo.
Desde las gradas solo se oían ofensas, frases desdeñosas y epítetos irrepetibles hacia mí. Las más horribles provenían de mis mismos compañeros de equipo. ¡Que camaradas! Yo quería esfumarme y cuando dije la consabida frase de ¡Trágame tierra! No ocurrió nada. Improvisé una extraña oración: “Dios mío, si es verdad que solo una vez en la vida concedes a los hombres volverse invisibles, escojo este momento, desaparéceme porfa y vuélveme invisible por 10 minutos”.
Salto al Ajedrez
Después de este comienzo tan poco ortodoxo en mi vida deportiva me inscribí en Ajedrez, ahí por lo menos no se hacía el ridículo, al menos eso pensaba. Con el Ajedrez la cosa cambió. Si me daban una paliza en el tablero no había tan numeroso público como para dejar mi autoestima por el subsuelo como ocurría en los otros deportes.
Me gustaba realmente el ajedrez y me dediqué con ahínco a practicarlo. Poco a poco fui mejorando hasta llegar a ser de los mejores de mi liceo. Gracias a Dios competí varias veces y gané invicto el torneo estudiantil intercolegial.
De mas está decir que un éxito así te sube muy bien tu autoestima. Perseveré en la práctica, participé en muchos torneos y matchs individuales y varios años más tarde llegué a estar entre los mejores en mi Universidad. En mi ultimo año de carrera quedé tercero en un torneo y luego gané el torneo máximo de la universidad poco antes de presentar mi tesis de grado.
Beneficios que aporta el ajedrez a las personas.
La buena noticia es que no se requiere llegar a ser un jugador de competencia para obtener estos beneficios. La práctica nos revela que un ajedrecista constantemente está previendo que jugada hacer y prevé además la jugada que le puede hacer su contrario por lo que en la vida diaria y en cualquier actividad que uno esté realizando se vuelve uno un ser previsivo.
El ajedrecista analiza consecutivamente varias opciones en cada jugada y toma decisiones continuamente en el juego por lo que en la cotidianidad diaria uno se acostumbra a analizar rápidamente varias opciones y eso ayuda a tomar decisiones.
Prácticamente en todas las partidas se varía el plan que uno se trazó en el principio del juego y eso ayuda a que en la vida uno no se desmotive cuando las cosas no salen exactamente como las planificamos y mas bien pensemos en un plan B.
Otra cosa es que en el juego constantemente estamos buscando una salida o la solución de algún problema, por ejemplo de cómo atacar al contrario o como defenderse, lo que nos ayuda en nuestras labores a buscar la mejor solución a nuestros problemas.
Esa constante búsqueda de soluciones hace que nuestra mente se entrene en indagar salidas a los problemas lo que también podemos aplicar en nuestra vida diaria, en cualquier ámbito.
Si te interesa jugar ajedrez pero no tienes contrincante puedes jugar con tu computadora. Escríbeme un correo y te mando un programita que se puede bajar desde tu correo electrónico y así te vas entrenando por niveles y adquiriendo los beneficios del ajedrez.
Cuando juegues no lo hagas mecánicamente sino pensando de verdad en las soluciones y planeando jugadas cortas de dos o tres pasos.
Una muy buena práctica para adquirir rápidamente estos beneficios es practicar las “Combinaciones”, que son problemitas de ajedrez. Los puedes hallar en libros sobre problemas de ajedrez, revistas especializadas y páginas electrónicas.
Luego de muchos serios estudios hechos a los jugadores de ajedrez se han obtenido los maravillosos siguientes resultados:
- Incrementa las habilidades intelectuales
- Mejora la concentración
- Incrementa la creatividad
- Induce a un pensamiento ordenado
- Tiende a hacer del ajedrecista una persona previsiva.
- Mejora la planificación en el individuo
- Desarrolla la memoria
- Aumenta la autoconfianza
- Acrecienta la autoestima
- Fomenta la idea de esmerarse arduamente hasta el final
- Mantiene activa la mente
Otra cosa maravillosa he aprendido: después de tener un comienzo penoso en los deportes compruebo que verdaderamente Dios concede dones a todo el mundo. Si no servimos para una cosa podemos servir para otra.
Si no destacamos en algo debemos seguir buscando tanto en los deportes como en la vida esa disciplina o esa manera de hacer las cosas para las cuales Dios nos ha preparado mejor. Usemos debidamente esos dones que Nuestro Señor nos ha regalado.
Recordemos que Dios nos va a pedir cuenta de cómo utilizamos esos dones. Busquen primero el Reino de Dios practicando los mandamientos, haciendo una buena confesión y perseverando en la fe.
Si acaso eres de los que crees que no sirves para nada pídele entonces al buen Dios que te muestre el camino para el cual te ha preparado.
Y ¡Animo! Que Dios concede la victoria al que persevera.
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